Millones de mexicanos, situados aún en la vorágine de su apabullante -por espectacular- y obvia despolitización, se preguntan unos a otros y a veces a sí mismos, si hoy están mejor que antes, digamos uno, cinco, diez, 20, ó 30 años.
La respuesta, si negativa, es un abreojos para no pocos, pues equivale a vivir una experiencia trascendente que suele conturbar y hasta angustiar precisamente por su claridad y su potencial en el proceso secuencial de despertar una conciencia insensibilizada, si no es que dormida.
Así, los mexicanos nos enteramos conscientemente es decir, por intempestiva intromisión de la realidad en el centro vero de nuestra psique- de que no estamos mejor en la escala comparativa, sino lo antipodal, lo opuesto: estamos peor. El parangón de súbito nos sitúa en otro estadio.
Ese estadio es aun más ominoso y preocupante, causal de una “angst” social que se posesiona de nosotros y nos estruja. Bienvenidos, pues, al país de la opresión y otras formas sofisticadas, laberínticas, perversas indudablemente, de esclavitud individual y social. Esa es la constante.
Y las tendencias -nos lo dicen los parangones mismos- es a empeorar. Los viejos almirantes chinos del siglo XV solían decir que antes de que una tormenta mejore tiene que empeorar. Estamos, pues, peor que antes, y seguiremos empeorando. Inexorablemente.
¿Inexorablemente? Ello depende. ¿De qué? ¿O de quién? De nosotros mismos, de nuestra propia decisión colectiva de poner un alto al proceso de empeoramiento y revertir éste a sus niveles de antes o mejores. ¿Qué nos detiene? No lo sabemos. Y ese es nuestra tragedia.
Ello lo saben los hombres y las mujeres del poder político del Estado mexicano y del poder real, el económico, el del dinero, en este país de nuestros desvelos, temores y preocupaciones. El poder lo sabe, sin duda, a ciencia cierta, pues realiza sondeos o encuestas.
Esos sondeos son, en realidad, no únicamente para saber qué sentimos y pensamos, sino para enterarse de que querríamos y podríamos hacer para deshacernos de quienesnos han llevado por las razones que fueren a nuestra triste situación asaz empeorada.