El aserto del señor Lozano en el epÃgrafe de esta entrega es arrogante, fatuo y cÃnico, pero exhibe también otro atributo, el del verismo sobre el cual se inspira tal expresión burlona, que no ingeniosa.
Y es que el señor Lozano, secretario del despacho del Trabajo y Previsión Social, de Felipe Calderón, enuncia en su decir infantil algo que debe preocupar aun más a los ya de por sà muy preocupados mexicanos.
Trátese de una verdad insoslayable, pero que por muchas razones –incluidas las de nuestra propia idiosincrasia—ignoramos: la inutilidad de la vÃa pacÃfica que transitan hoy las resistencias civiles y reformista-electorales.
Hágase la salvedad de que no se preconiza aquà transitar por vÃas distintas a las pacÃficas ni se exhorta a emprender caminos de violencia. No. De ninguna manera. Ya el propio gobierno es metalegalmente violento.
Ya sabemos que por la vÃa electoral, el patrón del señor Lozano, el señor Calderón, y los patrones reales de ambos –la oligarquÃa criolla y las trasnacionales-- tienen el control del IFE, TRIFE, Suprema Corte y una mirÃada más de otras instancias.
También controlan al Ejército y a la Armada, PGR, policÃas federales, grupos paramilitares, partidos polÃticos, televisión, etc., por lo cual la vÃa violenta antójase inaconsejable. Las condiciones objetivas apuntan hacia otra vÃa.
¿Cuál vÃa? A nuestro ver, no la de seguir resistiendo
–poner la otra mejilla— y marchar y marchar y marchar. Eso no ha dado resultado desde el sexenio de Miguel Alemán (1946-52), el vero páter del PRI. La resistencia es catarsis social. Pero no más. Y beneficia al señor Calderón.
Insistimos: no a seguir aguantando –el señor Lozano debe estar convencidÃsimo de que el pueblo de México aguanta todo agravio del poder— y sà a revertir la táctica. Un nuevo tipo de guerrilla urbana para pegarle a los bolsillos de los oligarcas.
El reto es hacerlo sin dañar infraestructura, sin causar muertos ni heridos ni destrucción de bienes privados, sin armas. Sólo paralizar un sector distinto de la ciudad cada semana.
Por sorpresa. Dejar mensajes de que el ubÃcuo Lalo estuvo aquÃ.
Hacerlo todos los dÃas, como parte de una huelga general de pago de impuestos, de boicot real en el consumo de bienes de empresas patronas del señor Calderón, etc. Una verdadera huelga. A la Gandhi.