Salinas, otra vez Salinas
Si algún dato faltaba para confirmar que somos una sociedad sin remedio, es la forma en que los políticos juegan con nuestras expectativas. En medio de una agenda diversa y angustiante y ante la necesidad de debatir la profundización de nuestra democracia, aparece, como surgido del fondo de nuestras penurias, la figura de Carlos Salinas de Gortari.
Se trata de uno de los principales fantasmas de nuestro pasado, de un aparecido que resurge en la noche a asustar incautos. Salinas no es la mejor carta priísta, por lo que sería de espanto --lo que verdaderamente asusta-- que sea la única figura de nivel político que tiene el PRI en su regreso al poder.
Pero la culpa es de los ciudadanos, de los incautos. A López Portillo lo humillaron con burlas en público porque había ofrecido defender como perro el peso y lo llevó a una devaluación de 20 a 150 pesos. Salinas dejó un país quebrado, con crímenes desde el poder, un alzamiento guerrillero, una familia involucrada en el narco y la corrupción y, como dice el spot del PRI, sigue tan campante. En las pocas apariciones en público Salinas no es maltratado.
La culpa también es del PRI. Ante la carencia de un liderazgo político sólido, joven, transparente, ajeno a las complicidades del pasado, el PRI sigue en manos de una mafia política y de poder. Los priístas han demostrado que no son nada sin el yugo del control. Lo demostraron con Zedillo cuando los priístas le rogaron que por favor no se separara del PRI. Zedillo lo hizo y el PRI perdió el poder.
Se trata, pues, del mismo PRI. Y lamentablemente, de la misma sociedad. Todos los errores del PAN en apenas nueve años de gobierno son minucias comparados con los 71 años del PRI en el poder absolutista. Y ahora el PRI dice que tiene los votos garantizados para lograr la mayoría absoluta en la próxima cámara de diputados y recuperar la presidencia en el 2012. El razonamiento lo hizo hace unos días la dirigente formal del partido, Beatriz Paredes Rangel: “los priístas sí saben gobernar”.
O sea: en el 2000 perdieron la presidencia no por los malos gobiernos, por la crisis económica, por la pobreza, por el crimen, por la delincuencia. La perdieron, supongo, porque Zedillo no autorizó el fraude electoral tradicional que mantenía al PRI en el gobierno.
El PRI que viene de regreso es el mismo PRI de siempre. El de Salinas, el del populismo. Ahí está el papel de Paredes diciendo que el pleito De la Madrid-Salinas era “entre particulares” y el diputado Emilio Gamboa y auto promovido próximo presidente del PRI diciéndole “Presidente” a Carlos Salinas.
Por eso la pregunta: “después del PRI…, el PRI?