Otra vez las promesas
El saldo de la visita del gabinete de seguridad de la Casa Blanca no tuvo los efectos esperados. Si bien los EU eludieron cualquier hostilidad contra México y dejaron claro el concepto de la corresponsabilidad en el problema del narcotráfico, al final Washington demostró que sigue pensando en sí mismo y no en la región.
Los tres puntos fundamentales del tema del narcotráfico fueron planteados pero poco atendidos: el consumo que promueve la oferta, los narcodólares que se lavan en el sistema bancario de los EU con la complacencia del Departamento del Tesoro y la violencia derivada del comercio legal e ilegal de las armas que han promovido que los narcos tengan pequeños ejércitos.
El gabinete de seguridad de la Casa Blanca no aterrizó ninguna decisión de fondo, real, con efectos inmediatos. El consumo de droga en los EU es alto -entre 25 y 30 millones de estadounidenses- y tiene dos limitaciones: está protegido como garantía individual y las mafias están atomizadas. Los narcodólares -más o menos 500 mil millones de dólares al año- apuntalan el sistema financiero. Y los EU son el principal país exportador legal e ilegal de armas en el mundo.
Los EU siempre se han preocupado por sí mismos. Por eso fue su reacción por los asesinatos de empleados menores del consulado de los EU en Ciudad Juárez. Pero el interés de los EU sería otro: un reporte del Departamento de Justicia y de la oficina antidrogas de la Casa Blanca reveló que bandas de delincuentes articuladas a los cárteles mexicanos de las drogas controlan el comercio de estupefacientes al menudeo en cuando menos 250 ciudades en todo el territorio estadounidenses.
Es decir, que el narco y la violencia no están tocando a las puertas fronterizas de los EU sino que ya se metieron. Por ejemplo, una zona de alta densidad en mercado de drogas manejado por mexicanos está en el estado de Washington, en el noroeste de los EU. Y el reporte oficial señala ahí que cuando menos una treintena de ciudades son controladas directamente por los cárteles mexicanos de las drogas.
Lo malo es que los EU internamente están atados por regulaciones judiciales para atacar directamente el consumo, la distribución, el lavado y el tráfico de armas. En las armas, por ejemplo, la poderosísima Asociación Nacional del Rifle ha financiado las campañas de legisladores. Y el ciudadano está protegido por la segunda enmienda Constitucional. En Arizona, la tierra de la Secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, se puede cargar armas de alto poder al hombro.
Por eso es que el problema de la droga y la violencia es de los EU.