Abad y Queipo, luces y sombras
Manuel Abad y Queipo –1751- 1825 -, destacada figura del clero en los días postreros de la dominación española en México, es personaje rodeado de luces y sombras.
Por una parte, realizó lo que se considera “el más certero análisis de las condiciones sociales, económicas y políticas de la Nueva España que nutrió de bases sólidas a la Insurgencia.
De otra parte, en cuanto “obispo electo”, pero no confirmado, es autor de la “excomunión” contra don Miguel Hidalgo.
Nació en Santa María de Villarpedre, Asturias. Le persiguió el estigma de ser hijo natural de don José Abad y Queipo y doña Josefa de la Torre. Hombre de preclara inteligencia, murió, pese a su trayectoria académica y clerical, en la miseria, en el Convento de San Jerónimo de Sisla, Toledo.
Sus biógrafos, José María Luis Mora, y Lucas Alamán, coinciden en señalar que la inteligencia, el amor a la investigación social, económica y política, llevó a Abad y Queipo a redactar “los más importantes escritos sobre la realidad de las clases sociales en los años postreros de la Nueva España”.
El fruto de sus investigaciones sobre la realidad lacerante que se vivió en los años cercanos al Grito de Independencia, pronunciado por Hidalgo, contribuyeron poderosamente a lanzar al pueblo, detrás del cura de Dolores para liberarnos de la tutela de España.
La “otra cara de la moneda” del “obispo electo”, Abad y Queipo, está en su “ex comunión” al prócer don Miguel Hidalgo. Se asienta en los datos de José María Luis Mora que residió en Morelia y que como “obispo electo” y Gobernador de la Mitra, declaró a Hidalgo, por sus atentados contra personas eclesiásticas, incurso en la correspondiente excomunión canónica y provocó así los ataques de los insurgentes contra su autoridad de “obispo electo”.
Su “ex comunión” contra don Miguel Hidalgo y Costilla siempre ha sido considerada inválida, porque nunca fue confirmado para ese cargo.
Se argumenta que carecía de poder y de jurisdicción para aplicar tal terrible medida. Abad y Queipo está considerado como un hombre honesto en relación a lo que investigó y opinó.
Bachiller en la Universidad de Salamancay doctor en cánones por la deGuadalajara, en la Nueva Galicia, enGuatemala se ordenó presbítero y residióde 1784 a 1815 en Valladolid,Michoacán, donde fue juez de testamentos,canónigo penitenciario, provisory vicario general y obispo electonombrado por la Regencia, pero no confirmadopor el Papa. La Inquisición le suspendióen el cargo de Ministro de Gracia y Justicia deFernando VII. Estuvo preso en dos ocasiones. |