Chaplin y Hitler
En esta ocasión evocaremos a dos personajes totalmente opuestos en su misión de vida: uno nació para hacer reír a la humanidad y el otro para exterminarla. Hablamos de Charles Chaplin y Adolfo Hitler. Ambos nacieron el mismo mes (abril) del mismo año (1889).
Precisamente en 1889, mientras Porfirio Díaz consolidaba su poder en México, ese mismo año nacieron dos bebés que, cada uno a su manera, cambiarían la historia.
La obra de Charles Chaplin y Adolfo Hitler es de sobra conocida. Sin embargo, sus vidas dieron sorpresas al mundo para bien y para mal.
Seres antagónicos, Chaplin y Hitler se enfrentaron en una ocasión en el cine. El David de bigotito, zapatotes, bombín y bastón, le asestó certera pedrada al Goliat del bigotito, botas y uniforme que saludaba a la romana… Una pedrada que aún resuena cada vez que alguien ve la película “El gran dictador”.
Como en los textos bíblicos, David venció a Goliat; Hitler es aborrecido, Chaplin admirado. El mundo conoció de ambos sus intimidades, curiosidades, vida y obra, que produjeron placer y horror.
No cabe duda que los hombres que trascienden con su obra (positiva o negativa) la propia existencia, con mucha frecuencia nacen en determinadas condiciones y circunstancias especiales que enmarcarán de alguna forma su ulterior desarrollo.
Así, la Inglaterra de Chaplin en 1889, o la Austria-Hungría, primero, y Alemania después, donde nació y vivió Hitler, transmitieron sus valores morales y culturales a estos dos contrapuestos actores de la historia contemporánea. Las condiciones predominantes conformaron ambientes distintos y contrapunteados.
Uno, más abierto y democrático en lo interno, aunque sin olvidar sus contradicciones originadas por la gran concentración de poder económico en una pequeña burguesía industrial y bancaria, que, sin embargo, tenía como válvula de escape la emigración hacia los grandes dominios británicos esparcidos en el mundo.
El otro, un ambiente con estructura política y social más verticalizada y con menores posibilidades para atenuar sus contradicciones internas, en vista de la tardía llegada del imperialismo alemán a la competencia por agenciarse territorios coloniales.
Ahí quedaron para la posteridad las luces y tinieblas de dos históricos personajes antagónicos. |