La Suprema Corte o la carabina de Ambrosio

La historia reciente acredita, por desgracia, que la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la carabina de Ambrosio sirven para lo mismo: para nada.
Para demostrarlo, tres botones de muestra:
Tras largas, profundas y seguramente costosas investigaciones en el caso de Lydia Cacho, concluyó que hubo violaciones graves a las garantías individuales de la ahora famosa escritora y periodista, pero ninguno de los responsables de tan flagrantes atentados ha sido objeto de sanción o de pena alguna.
Algo semejante sucedió respecto del caso de la matanza de Acteal donde perdieron la vida 45 campesinos chiapanecos, pero que por meros tecnicismos legales, la Suprema Corte liberó a varios de los paramilitares asesinos que como tales fueron plenamente identificados.
Ahora y mientras la novedad dure, se habla y se hablará del informe preliminar de la Comisión Investigadora de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en torno del incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, cuya responsabilidad se asigna a Juan Molinar Horcasitas, ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social y actual titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; a Eduardo Bours, ex gobernador de Sonora; a Ernesto Gándara Camou, ex presidente municipal de Hermosillo y a otros 16 funcionarios de los tres niveles de gobierno.
La inmensa mayoría de mexicanos y en particular los deudos de los 70 niños lesionados, como de los 49 niños muertos en la guardería ABC, pensamos que en otros países un caso tal sería causa de un terremoto político, pero no en el nuestro, convertido lo mismo por los tricolores que por los amarillos y los azules, en el reino de la impunidad.
Y frente a todo, está el palabrerío de la llamada clase política que no para de cabeza a nadie ni descubre nada nuevo, pero que sí aturde e indigna.
Tal es el caso dizque de los estudios de la Cámara de Diputados, los que destacaron que “el llamado cambio climático, la corrupción de autoridades de todos los niveles, la deforestación y la ausencia de una política de Estado en materia de protección civil, ponen al país en una situación de vulnerabilidad”
¿Qué hacer, entonces, para convertir a México en un país mejor?
Lo primero es no caer en la parálisis y anestesia de la falsa resignación, sino por lo contrario, recuperar la capacidad de indignación y colocar al poder ciudadano, por encima de la partidocracia cada vez más incapaz de garantizar una nación con viabilidad social, política, económica y cultural.